Ellos se levantaron para irse.
"Si quieres," dijo Aziz, "te mostraré el hospital Minto. No tengo nada más que ofrecerte."
"Lo siento. Ya lo he visto. La señora Callendar me llevó."
Su tono de voz se volvió sarcástico.
"¡La señora Callendar! ¡Una señora muy cariñosa!"
"Yo no la encuentro cariñosa."
"¡Ella acaba de llevarse mi taxi!" gritó Aziz. "Y todas las noches su marido me interrumpe cuando estoy cenando con mis amigos. ¡Yo voy inmediatamente, pero él no está allí y no deja ningún mensaje!"
Ella escuchaba.
Él estaba excitado en parte por los insultos que había recibido pero mucho más por el conocimiento de que alguien simpatizaba con él (la señora Moore, que pensaba lo mismo de los Callendar). Aunque sus palabras eran malsonantes, su corazón estaba feliz.
"¡Tu me entiendes!" dijo. "¡Tú sabes lo que siento! ¡Si sólo unos pocos se pareciesen a usted!"
Bastante sorprendida, ella respondió,
"No creo que yo comprenda a la gente muy bien. Yo solo se si me gustan o no me gustan."
"Entonces tu eres una Oriental."