Autor de la foto: Miguel Núñez Ares
Fue el humano quien puso el cepo.
Lo puso en un llano, donde no había nada sembrado.
El zorro no podía causar daños, pero aun así, lo puso.
El zorro calló en la trampa. Perdió la pata y salio corriendo.
El zorro lloró por el dolor y la pérdida de su pata, pero lloró más por el humano que había puesto aquel cepo.