Al principio, el lugar de Dios, y allí la calma [ OHMMMM ]
El eterno Nirvana, pues nunca te aburres, y siempre tienes ganas. Siempre disfrutas.
No hay felicidad allí, porque hay mucho más que eso.
No hay bienestar allí, porque hay mucho más que eso.
No hay armonía allí, porque hay mucho más que eso.
Hay amor, hay inmenso amor.
Sí que hay paz allí, en lo PURO, porque es justo y necesario.
Hasta que apareció ese ruido interminable y tan terrible.
Una máquina infernal de hierros oxidados entró en la PUREZA, y todo empezó a oxidarse [ Ayyy ]
Nunca antes había sucedido esto. Nunca se había corrompido la pureza, porque no estaba escrito que así fuera. Sin embargo, para la sorpresa de Dios, en el reino de los cielos ya no había calma, armonía y blancura, sino amasijo de hierros y ruidos infernales. Dios estaba desolado, asombrado, enfadado, y triste.
Intentó destruir la máquina, pero la máquina no se destruía. No podía hacerle frente, ni ella a él, ni él a ella. Los poderes del MAL eran iguales a los poderes del BIEN.
Dios no podía soportarlo. Contemplaba cómo la cosa más horrorosa (acompañada de un ruido horroroso) devoraba a la cosa más hermosa.
Creó el mundo, y a este le dio un gran alma que era lo que le daba vida estando más allá del Reino de los Cielos. Creó el mundo inspirandose en el Reino de los Cielos, pero en vez de blancura, le concedió colores de todos los tipos, creados a partir del blanco.
Creó a seres que vivieran con ese mundo, y a estos seres les dio también alma, inspiradas en él. De ahí nuestra maravillosidad. Todos serían hermosos y maravillosos, pero distintos cada uno de los seres.
Estableció que una de las razas tendría una mision importante, y que las demás razas tendrían que ayudar a la elegida a cumplirla.
La raza de los humanos fue la elegida, y los humanos tendrían que cumplir la mision, ayudados por las otras razas.
Dios no podía vencer a la Máquina, y necesitaba ayuda. El único modo de destruirla era con ayuda de otros seres.
No podía crear nada allí en el Reino de los Cielos, porque en seguida la Máquina destruía sus creaciones, que no eran tan poderosas como Dios (pues eran creaciones recien nacidas).
Por esta razón, creó un mundo inspirado en el Reino de los Cielos, con seres inspirados en su alma, y el mundo estaría alejado de el Reino de los Cielos, para evitar que la Máquina pudiera destruir a los seres y al mundo.
Al estar tan alejado del Reino de los Cielos, el mundo creado y los seres que lo habitaban no podían ser destruidos por La Máquina, pero al mismo tiempo, Dios no podía ayudarles con su poder. Sin embargo, cada uno de los seres de ese mundo tenía a Dios dentro de ellos, pues sus almas habían sido creadas inspirandose en él. Aunque era un Dios recien nacido lo que tenían dentro. De ellos dependía que ese Dios que llevaban dentro creciese y fuera teniendo un mayor poder, para así cuando muriesen en ese mundo y pasasen al Reino de los Cielos tuviesen un poder muy grande con el que ayudar a Dios a destruir a La Máquina.
Para que el Dios que llevaba dentro fuera creciendo, el ser tendrían que comprender la razón de su existencia: por qué estaban allí, cuál era el propósito de su creación, cuál era el propósito de su creador. Y todo esto, se lo revelaría el mundo (el padre), inspirado en el Reino de los Cielos y que por eso poseía toda respuesta, mientras que la madre (la tierra) lo alimentaría con cariño, con frutos inspirados en el Reino de los Cielos, pues fuera de el Reino de los Cielos, era necesario comer de éste para seguir con vida.
Sólo así podía el ser conseguir que el Dios que llevaba dentro creciera, y con ello, el poder del Dios. Así, cuando dejara el mundo para regresar al Reino de los Cielos, podría ayudar a Dios, con el gran poder adquirido, a destruir a La Máquina.
Pero pronto aparecería el problema.
La Máquina había logrado colarse también en el mundo creado por Dios. La Máquina siguió el ejemplo de Dios, y creó seres inspirados en ella, que habitaron el mundo creado por Dios.
Los humanos, raza elegida para la mision de salvar el Reino de los Cielos, estaba ahora expuesta a ser corrompida por La Máquina, pues el objetivo de esta era impedir que los humanos lograran que el Dios que llevaban dentro creciera y alcanzara así un gran poder. Si no lo impedía, los humanos que alcanzaran un gran poder, podrían ayudar posteriormente a Dios, y entonces sería destruida.
Las demás razas no fueron corrompidas por La Máquina, pues las otras razas que no fueran humanas no podrían ayudar a Dios en el Reino de los Cielos. Las demás razas tan sólo podían proporcionar ayuda a los humanos, además de permitirse disfrutar (como también hacían los humanos) de ese maravilloso y precioso mundo inspirado en el Reino de los Cielos.
Las creaciones más primitivas de La Máquina fueron los distintos tipos de metales, y a partir de ahí, fueron evolucionando.
Cada vez eran más los humanos corrompidos, y las consecuencias empezaban a notarse en todo el mundo, ya que ahora los hijos hacían sufrir a la madre tierra, y no querían escuchar lo que el padre mundo tenía que decirles.
Las demás razas no podían hacer otra cosa que contemplar con desesperación y con agonía cómo la raza humana iba corrompiendose, y la rabia de algunas razas llegó a ser tal que muchas empezaron a atacar a los humanos, abandonando así la orden de Dios de ayudarlos. Pero los atacaban con el fin de que cayesen en la cuenta de su error, para que se preguntaran el por qué de los ataques de las demás razas, y se dieran cuenta de que La Máquina los estaba corrompiendo.
Pero pasaban las primaveras, y cada vez eran más los humanos corrompidos.
El mundo ahora estaba lleno de lugares en donde había una gran concentración de hierros, aceros, y demás metales.
Dios miraba con pena desde el Reino de los Cielos, pero entre tantos humanos corrompidos, también habían humanos cuyo Dios había crecido bastante, y ya poseían un poder considerable, pero La Máquina hacía todo lo posible por dificultar la conversación de esos humanos con el mundo, con el fin de que dejaran de aprender, y que el Dios que llevaban dentro ya no creciera.
La ayuda de los seres de otras razas a los humanos era muy valiosa e importante, pues a menudo conseguían alejarlo de las garras de los seres creados por La Máquina, y los llevaban (bien guiándolos o bien animándolos a que fueran ellos solos) a lugares donde las máquinas aún no habían llegado, y así el humano podía contactar con el padre mundo, y este enseñarle y advertirle del peligro.
La Máquina se percató de la gran ayuda que los seres de otras razas (los animales) ofrecían a los humanos, así que para evitar que les ayudaran, consiguió corromper aún más al humano, inculcándole la idea de que los animales eran seres que sólo servían para comer, y que no sentían ni pensaban y mucho menos podían ayudar.
Y fue así como La Máquina logró la victoria sobre los animales. Ya casi ningún humano los escuchaba, pero aún así había algunos que seguían escuchandolos, y seguían aprendiendo y creciendo.
