jueves, 23 de febrero de 2006
Publicado por da-rira @ 20:56  | movimientos
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Los buenos son los tontos, y si eres bueno con los demás, los demás se aprovechan de ti todo lo que pueden (o al menos la gran mayoría de los demás)

Demos la espaldas a estos que creen que los buenos son los tontos, y habrá más buenos en el mundo.


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domingo, 19 de febrero de 2006
Publicado por da-rira @ 23:47  | tribus
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Detenidos en el tiempo e indiferentes a lo material, los Amish ocultan un gran misterio. Detrás de su simple forma de vida se esconde el secreto de la paz interior.


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La llegada al condado de Lancaster es como a cualquier otra zona rural de los Estados Unidos. La salida de la carretera Interestatal, unas cuantas intersecciones, y una ruta desde donde se pueden ver granjas, campos de diversos tonos de verde y ocre, y casas de madera con jardines de cuento.

La primera sorpresa viene cuando se comienzan a suceder los carteles de "Cuidado, carro tirado a caballo"... ¿Y eso?

Parados en una esquina escuchamos a lo lejos un clip-clop de cascos contra el pavimento hasta que tuvimos frente a nosotros una visión perdida en el tiempo: una especie de zulqui negro y gris tirado por un azabache, y conducido por una pareja Amish de ceñudo aspecto.
Esa fue la primera introducción a un mundo diferente y tal vez impensado. Un mundo donde la imagen no es nada y una congregación de hombres de bien viven al margen de las necesidades modernas. ¿Quién se puede imaginar a una chica de Buenos Aires, París o Londres viviendo con sólo cuatro vestidos, uno para el domingo, uno para salir, uno para
trabajar y uno de recambio? ¿O vivir sin auto, sin TV, sin un buen equipo de música?

Esta gente de barba larga y sombrero de paja no hace más que sorprender y hacerse respetar por la gente que los viene a visitar y a comprar sus excelentes productos. Son impresionantes sus miradas tranquilas y seguras y la seguridad sincera que expresan en su forma de actuar. Creo que casi todos, quien más, quien menos, hemos pensado sobre el límite de nuestras necesidades, sobre tener miles de remeras (o zapatos, o vestidos, etc.) archivadas en el armario, sobre lo que supone gastar horas de nuestra vida frente a un
televisor... Bueno, pues ellos no sólo se lo plantean sino que adoptaron una nueva forma de vida.



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Lo cierto es que más allá de la curiosidad que significa encontrar a gente tan distinta, una visita por estas tierras nos deja mucho para pensar: sobre nuestra forma de vivir, sobre nuestros valores (que cada vez representa un desafío mayor ponerlos en práctica), sobre nuestra solidaridad, sobre nuestro medio. Un par de días allí te sintonizan en otra onda. Sí, no es una onda "cool", pero pareciera que esta gente conoce el secreto de la paz interior...

¿CÓMO RECONOCERLOS POR LA CALLE?
Nada más fácil, por sus vestidos y por sus medios de transporte. Al clip-clop que les había mencionado antes, agréguenle un clinc-clanc de las ruedas siempre metálicas de estos viejos antecesores del automóvil (esto ya parece un audiovisual).

Hay varios tipos de carro: para ir al mercado, los del cortejo, los de verano, los familiares. Pero el zulqui no es el único medio de transporte que usan. Los chicos montan el monopatín comúnmente para desplazarse de granja en granja o para ir al pueblo. Y los más pequeños son arrastrados por sus hermanos mayores en unos carritos que parecen de juguete y que a veces también son usados para transportar pesos ligeros.

Y los vestidos... a ver, a ver. Imagínense una fiesta patria norteamericana en una escuela con chicos y grandes vestidos al estilo granjero del 1600. Bueno, la diferencia es que es en serio y ocurre en este siglo. Gracias al trabajo aplicado de la mujer de la casa, los hombres visten siempre pantalones (sujetos por tiradores), chaqueta negra, camisa azul, gris o blanca con zapatos negros y sombrero de paja que se sacan sólo adentro de sus casas.


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Las mujeres hacen la ropa de los hombres, sus propios vestidos y los de sus hijas, además de los manteles, la ropa de cama, cubrecamas o quilts y capelinas. Lo único que no hacen es el traje de domingo de los hombres. De eso se encarga un sastre profesional. Sí, aunque sea difícil de creer, lo de los cuatro vestidos es cierto. Usan por lo general un vestido verde, azul, gris o bordeaux hasta un poco debajo de la rodilla, un delantal negro tomado de la cintura, una capelina atando el pelo, que nunca cortan, y zapatos o zapatillas negras. En la granja van descalzas.

Tal vez es necesario aclarar que, a pesar de la supuesta escasez de ropa y de no tener agua corriente, son gente extremadamente limpia. Es muy simpático ver a los chicos, que son representaciones fieles de sus padres pero en escala reducida, con sus sombreritos de paja o
capelinas más pequeñas y vestidos, pantalones, delantales, chaquetas, camisas y hasta los tiradores. Sólo les falta esperar unos años para la barba.

La barba larga sin bigote es todo un clásico entre los Amish. Ni bien se casan (después de un año de cortejo) se dejan de afeitar la barba para demostrar que son hombres de familia. En cambio, se afeitan el bigote porque les recuerda la persecución sufrida a manos de los militares cuando todavía vivían en Europa.

Las mujeres demuestran su estado civil usando un pañuelo negro en la cabeza si son casadas, o blanco si todavía están a la espera de un candidato.

Cuando una pareja joven se casa, recibe de la familia del novio la granja, y de la familia de la novia, el ganado y los muebles. La filosofía de los Amish predica la utilización de lo necesario, de lo que prevee la familia y del culto a la humildad.


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Ni las mujeres ni los hombres usan colores brillantes, joyas, adornos, maquillaje o tintura para el pelo. Aunque no lo parezca es Norteamérica y están a dos horas de Nueva York, capital del comercio mundial.

SIN TV, RADIO, AUTO NI TELÉFONO
Una de las cosas que más llama la atención de los Amish es su resistencia al uso de la tecnología. No usan autos, teléfono (usan unas cabinas de teléfono comunitario, sólo para casos de extrema urgencia), televisores, radio ni agua corriente, entre otras cosas. ¿Cómo es eso?

Regla número uno: la comunidad Amish no desea tener una relación física permanente innecesaria con el mundo exterior. Regla número dos: si algo no es estrictamente necesario, para qué tenerlo o hacerlo.

Las consecuencias de estas reglas pueden ser evidentes, pero igual sorprende mucho ver a estos expertos granjeros manejando sus carretas tiradas a caballo en medio de sus vecinos "normales" que usan Ford Chrysler o Chevrolet. O verlos trabajar la tierra con un viejo arado arrastrado por un par de mulas, o ver sus granjas sin cables eléctricos.

Para calefaccionarse en invierno o enfriar los alimentos en verano usan gas natural embotellado. Claro que las heladeras a gas son unos armatostes viejos; sin enchufe no les quedan muchas opciones.

¿Cómo hacen entonces para que las cosas "se muevan"? Como hacían hace mucho tiempo. Sus fuentes de energía son el agua (que mueve la rueda del molino), el viento (que mueve las aspas del molino de viento) y el gasoil.


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En realidad esto último es un parche que le tuvieron que hacer a la tradición cuando en 1950 las compañías lecheras les exigieron que usaran máquinas de ordeñar, en vez de hacerlo a mano. Y, obviamente, la tracción a sangre... suya y de sus caballos.

A pesar de no hacer uso de la tecnología, si los necesitan usan los servicios médicos otorgados por el Estado (para eso pagan impuestos como todos). Es más, algunos bebés pueden llegar a nacer en un hospital si hace falta. Pero como no tienen planes de medicina prepaga, tratan de estar en el hospital lo menos posible para evitar gastos desmedidos.

PARA SER UN BUEN GRANJERO COMO PAPÁ
La familia es el fuerte núcleo que mantiene esta sociedad alejada de desvíos y perversiones. No son raras las familias Amish de ocho a diez niños con los roles del padre, jefe de familia, y la madre, bien delineados. Pero a la hora de poner el hombro, tanto uno como otro se levanta a las cinco de la mañana para trabajar la tierra, cuidar los animales, alimentar a los niños, llevarlos a la escuela, preparar los alimentos, coser y crear las quilt.
Como curiosidad, es una regla encontrar que la nuca y el cuello de las mujeres están quemados por el sol debido al constante trabajo en la huerta y a otros quehaceres al aire libre.

La cocina es el centro del hogar, es donde se reúne la familia y donde pasan las cosas más importantes. Las casas normalmente están adornadas con plantas, alfarerías o telas. Debido a su respeto por las citas bíblicas, no tienen ningún tipo de imágenes en las casas. Entonces, nada de posters de grupos de rock, de Leonardo di Caprio o láminas de la Gioconda.


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Y esta costumbre se aplica también a las fotos. No usan cámaras y en todo momento evitan ser fotografiados. No es raro que las postales que se venden en los negocios de souvenirs (sí, hay muchos empresarios que toman a los Amish como un "negocio") sean de granjeros
de espaldas. Inclusive nos pasó a nosotros que cada vez que quisimos hacer un primer plano se dieron vuelta, y nos hicieron sentir su desaprobación... en fin, algún que otro pecado tuvimos que cometer.

Otra cosa que llama la atención a simple vista es la disciplina de los chicos. Desde pequeños se los ve trabajando e intentado aprender. La educación que reciben, si bien es bastante escasa en años, es suficiente para que sean todos unos caballeros y unas damas.

Estudian sólo 8 años en una escuela de una única aula. Ellos piensan que la educación es buena en cuanto sirva para ser un buen granjero, un buen esposo/esposa, padre/madre o ama de casa.

En esta escuela aprenden inglés, alemán (para la misa), aritmética, geografía, historia, estudios sociales, arte, la Biblia, etc.

Después del octavo año, se estila también que sigan asistiendo a clases tres horas por día para profundizar sus estudios.

Sin la artillería mediática a la que está sometida la mayoría del mundo occidental, los chicos encuentran en "mamá y papá" a sus héroes y sueñan con ser como ellos, ser los mejores granjeros o las mejores amas de casa. Simple, sin vueltas, como todo campesino.


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OLD MAC DONALD HAD A FARM, IAH, IAH, OHHH!
A pesar de utilizar caballos y sistemas anticuados para trabajar la tierra, sus campos son tremendamente productivos. Eso sí, trabajan de sol a sol y no es una exageración. Su culto "bíblico" al trabajo los hace únicos en el empuje y la fuerza para salir adelante. Pero tal vez
sean más productivos simplemente por su sentido de solidaridad.

Por ejemplo, dos vecinos pueden aunar esfuerzos para comprar un arado y usarlo por turnos. Si alguien tiene un problema o está en apuros económicos, la comunidad entera no vacila un segundo y provee lo necesario para seguir adelante sin requerir posterior devolución de favores. Los Amish practican el: "hoy por ti, mañana por mí".

Cuentan los vecinos que no es raro que cuando un incendio acaba con el granero de madera de algún desafortunado, todos los hombres de la comunidad se junten y en un par de días levanten otro igual. Obviamente, sin deuda de por medio.

Los niños van a trabajar la tierra con los padres desde muy chiquitos y tratan el manejo de la tierra con la naturalidad con la que un niño de ciudad maneja el control remoto de la televisión.

La vida disciplinada, las tradiciones ancestrales, las características del campo y la importancia de su comunidad los transforma en personas simples, transparentes, pacíficos, agradables y tremendamente solidarios. Es increíble como pueden llevar adelante sus vidas sin las "comodidades modernas". En sus miradas se ve reflejada la felicidad y la paz que representa para ellos vivir en una sociedad así. No creo que les sea fácil, ya que otra forma de vida los ataca por todos los flancos, pero se mantienen fieles a sí mismos. No puedo sino admirarlos y pensar… pensar mucho en nuestro propio rumbo.
Publicado por da-rira @ 22:51  | movimientos
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"La política colonial se impone en primer lugar en las naciones que deben recurrir a la emigración, ya por ser pobre su población, ya por ser excesiva. Pero también se impone en las que tienen o bien superabundancia de capitales o bien excedente de productos (...).
Desde este punto de vista, lo repito, la fundación de una colonia es la creación de un mercado (...). En el tiempo en que estamos y con la crisis que pasan todas las industrias europeas, la fundación de una colonia es la creación de una salida (...).
Hay un segundo punto que debo igualmente abordar (...): es el lado humanitario y civilizador de la cuestión (...). Es preciso decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen un derecho con respecto a las razas inferiores porque existe un deber para con ellas. Las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas inferiores (...). [Alboroto en varios bancos de la extrema izquierda.]
Sr. Maigne: ¿Se atreve usted a decir eso en el país donde se han proclamado los derechos del hombre?
Sr. Guilloutet: Es la justificación de la esclavitud y de la trata de negros.
Jules Ferry: Si el honorable Sr. Maigne tiene razón, si la Declaración de los Derechos del Hombre ha sido escrita para los negros de África ecuatorial, entonces, ¿con qué derecho van ustedes a imponerles los intercambios, el tráfico? Ellos no los han llamado (...).
Las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas inferiores. ¿Y existe alguien que pueda negar que hay más justicia, más orden material y moral (...) en el África del Norte desde que Francia ha hecho su conquista?"


Discurso de Jules Ferry ante la Cámara de los Diputados, París, 1882 y 1885

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Consecuencias de la colonización

"Ante todo, es necesario definir el concepto de colonialismo como proceso de ocupación de un país por extranjeros, los cuales están decididos a hacer de él su propio país, o bien a mantener su dominación indefinidamente (...).
En cualquier época, la colonización ha comportado efectos muy negativos. Basta con analizar la historia de África (...).
Hasta mediados del siglo XX, árabes y europeos organizaron el comercio humano llamado trata de negros. Unos veinte millones de negros fueron deportados a las tierras americanas (...). Se calcula que ese genocidio provocó cien millones de muertos. Yo creo que fueron doscientos millones. Se trata del genocidio más brutal de la historia. El mal causado en África negra es el más terrible que jamás se haya causado a una etnia.
Sin embargo, insisto en que la colonización ha aportado algo positivo (...). Nos ha aportado aspectos culturales que, a pesar de ser extranjeros, cabe considerar como fecundos".

Declaraciones de Léopold Sédar Senghor
primer presidente de Senegal

Publicado por da-rira @ 22:46  | amigos
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"Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación y la muerte, la angustia y el tránsito de una existencia llena de la más estúpida superficialidad a un abismo de dolor. Veo que los pueblos son lanzados unos contra otros, y se matan sin rechistar, sin saber nada, locamente, dócilmente, inocentemente. Veo cómo los más ilustres cerebros inventan armas y frases para hacer posible todo esto durante más tiempo y con mayor refinamiento".


Remarque, E.M.: Sin novedad en el frente. 1929

Publicado por da-rira @ 22:42  | ayuda
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Esta tarde estuve jugando con los niños de mi calle al escondite. Yo y un amigo les escondíamos unos muñequitos por toda la calle, y ellos tenían que encontrarlos. Estuvimos haciendo como que los escondíamos, cuando en realidad nos los habiamos metido todos en los calcetines, en los bolsillos y mi amigo se metio uno en el sobaco. Cuando les dijimos a los niños que ya habíamos escondido los muñequitos y que ya podían salir a buscarlos, todos salieron a buscarlo y se lo tragaron, jaja. Buscando y buscando por toda la calle (además con lo "cortita" que es...) y nosotros diciendoles: "Nooo, ahí no, frio, frío, muy frío.. CALIENTE!! CALIENTE!! Noo, frío, frío. Por donde va el perro!! Detras del coche blanco!! Pero ahí no!! Buas..."
Estuvieron como diez minutos de arriba abajo y los tontos (cariñosamente) no caían en la cuenta de que se la estabamos dando con mantequilla.
En fin, al final uno de los niños nos vio a mi amigo y a mi reirnos a la vez que les dábamos instrucciones de por donde tenían que buscar, y todos se fueron a por nosotros: "Siii, están mintiendo!!" "Que es mentira que lo tienen ahí escondios!!" Jaja. Todos a por nosotros. A mi se me tiraron al cuello y me arrancaron tres cuartas partes de mi pelo. A mi amigo también se le tiraron también, pero no así a lo sumo como hicieron conmigo.

Una vez que estaban encima nuestra, nos rebuscaron y miraron todos los bolsillos y nos sacaron los muñequitos. Bonitas sus caras cuando vieron como les habíamos tomado el pelo. A mi siguieron arrancándome puñados de pelo y se cebaron todos conmigo, mi amigo estaba ahí sentado en la acera y haciéndose el remolón se había salvado de estos niños sanguinarios que digo. Los niños estaban de broma pero a mi me tenían el cuerpo ya lleno de golpes. Entonces, para aliviarme un poco los pelos y la cabeza, les dije a los niños: "Mirad!! El Salva tiene un muñequito debajo del culo!!!" Y todos a por el Salva, jaja. El Salva me miró como diciendo: "Cabr**...", y en esto que, cuando los niños ya estaban apunto de llegar a la panza de Salvador, el muy cabrito les suelta: "Que no, que yo no tengo na, que el muñequito que falta lo tiene Romero!!" Y todos a por mi de nuevo (a por mis pelos más que na).

Al final, mi amigo les dio el muñeco que tenía escondido en la sobaquera, y los niños se fueron a sus casas porque ya era tarde y tenían que comer y acostarse. Nos quedamos mi amigo y yo y nos reimos un buen rato de lo inocentes que habían sido, y de la jartá de correr que se habían dado para encontrar nada, jaja.

Más tarde, mi amigo se fue a su casa a hacer unos deberes que tenía que llevar para el instituto, y yo me quedé un rato más en la acera, pensando un poco y descansando.
Los niños eran ingenuos, y no sabían quién de los dos (si mi amigo o yo) les estaba mintiendo. Así que, como no lo sabían, decidieron hacerse caso de lo que mi amigo y o yo les decíamos. Yo les dije que no, que era mi amigo quien tenía el muñeco; y todos los niños se fueron a por mi amigo. Mi amigo les dijo que no, que era yo quien tenía el muñeco; y todos los niños se lanzaron a por mis pelos. Se me vino a la cabeza algo que había visto en un documental, algo que tenía que ver con el fenómeno de "las masas", y vi que no había mucha diferencia entre la forma de actuar de esos niños aquella tarde y la forma de actuar de las masas.
Los niños no sabían, y hacían caso de lo que los mayores (mi amigo y yo) les decíamos (sólo porque eramos mayores que ellos).
Las masas no saben, y hacen caso de lo que sus líderes les dicen (sólo porque son sus líderes).

Hay que saber, y para ello hay que aprender, y se aprende comprendiendo. Y luego, si hemos aprendido mucho, seremos sabios; aunque siempre hay algo que aprender.